Cambio climático y aumento de dolencias derivadas del golpe de calor o estrés térmico

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Ejercer de bombero tiene el riesgo obvio de estar sometido a fuentes de calor muy intensas, lo que puede ocasionar alteraciones de la salud. Pero no estamos hablando de las quemaduras ni del calor del fuego, sino del calor generado por el esfuerzo. Es la producción de calor interno lo más crítico en los padecimientos de los bomberos. Mochilas grandes, ropa pesada y un ritmo rápido hacen que la temperatura corporal aumente y eso puede acarrear muchos problemas fisiológicos. Lo mismo les puede suceder a atletas, soldados de maniobras o trabajadores agrícolas. Es lo que se llama estrés térmico o golpe de calor.

Cada vez se estudia más cómo afecta el calor a los trabajadores y a las poblaciones vulnerables, como los ancianos. Y este estudio ha cobrado más valor conforme aumenta la temperatura global, ya que las olas de calor se están volviendo más frecuentes e intensas y aumentan las víctimas. En todo el mundo se registran miles de muertes relacionadas directamente con las olas de calor (quemaduras aparte), la mayoría de personas de más de 65 años o con sobrepeso o cuyos corazones pueden no ser lo suficientemente fuertes para hacer frente a los problemas fisiológicos ocasionados por estrés térmico.

Según se calcula, aproximadamente un tercio de la población mundial experimenta situaciones que crean estrés por calor. Los trabajadores de la construcción y agrícolas son los que corren más alto riesgo, con una probabilidad de morir por golpes de calor bastante más alta que la de otros trabajadores.

En Estados Unidos hay un promedio de 21 días del verano en que la humedad y la temperatura se combinan para exceder los límites recomendados. Pero el cambio climático duplicará el número de días inseguros en 2050 y lo triplicará en 2100 si continúa el calentamiento. Ademá, hay que tener en cuenta el hecho de que la población mundial se está trasladando a las ciudades, que tienden a ser más calientes que el campo.

Los nervios sensoriales de la piel responden a la temperatura ambiental y los sensores internos controlan la ganancia de calor, parte del cual es generado por el propio cuerpo. La actividad física intensa puede convertir el cuerpo en un horno, aumentando 15 veces la producción de calor. Ya sea la fuente de calor ambiental o interna, si el calor no se disipa, puede causar graves problemas e incluso la muerte.

Cuando los sensores internos le indican al cerebro que el cuerpo se está calentando, el hipotálamo envía señales que dilatan los vasos sanguíneos cercanos a la piel, lo que hace que circule más sangre y se pierda calor siempre que el aire esté más frío que el cuerpo. Caso contrario, las glándulas sudoríparas se ponen a trabajar. Otra parte del cerebro, el bulbo raquídeo, se pone en contacto con el corazón, lo que aumenta su frecuencia y la cantidad de sangre bombeada por latido. Los fluidos corporales cambian, redirigiendo la sangre a la piel y ayudando a llenar las glándulas sudoríparas.

Una persona activa puede sudar 2 litros de agua por hora, lo que enfría el cuerpo a medida que se evapora. Son las manos (con su alta concentración de glándulas sudoríparas) y el torso (con su gran superficie) los lugares clave para el enfriamiento promovido por el sudor. La pérdida de líquido estimula la liberación de hormonas que aumentan la sed y alteran la función renal para reducir la producción de orina. Estas medidas de conservación de líquidos mantienen el volumen de sangre para que el corazón pueda sostener la presión arterial en niveles seguros.

La deshidratación aumenta enormemente el estrés térmico y el riesgo de lesiones graves. Primero viene el agotamiento por calor, caracterizado por calambres, fatiga, dolor de cabeza, náuseas o mareos, señales que impulsan a la mayoría de las personas a salir del calor o dejar de hacer ejercicio. Mientras continúe la sudoración, el cuerpo aún puede enfriarse un poco. Pero si una persona se calienta demasiado, la sudoración puede detenerse y la temperatura corporal puede dispararse, a veces incluso por encima de los 44 ºC. El cerebro flaquea, se vuelve confuso y sobreviene la agitación, la dificultad para hablar e incluso el coma.

Alrededor del 15% de las personas expuestas al estrés por calor crónico en el trabajo desarrollan problemas renales, posiblemente convirtiendo a esta dolencia en una de las primeras epidemias debido al calentamiento global. En el peor de los casos, las temperaturas altas pueden dañar el cerebro y hacer que los órganos fallen. Privado del flujo sanguíneo normal, el intestino puede tener fugas y causar una inflamación generalizada. Los vasos sanguíneos pueden dañarse y la sangre puede coagularse. Las células pueden incluso degradarse a medida que se degradan sus proteínas.

(Fuente: sciencemag.org)

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